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Durante el periodo de los años 40 y 50 los estudios sobre el liderazgo tomaron otra orientación. La mayoría de estos estudios buscaban fijar cuales eran los comportamientos claves de los líderes eficaces. Se trataba de determinar qué hacia que una persona fuera un líder respecto a otras personas que, queriéndolo ser no lo lograban. La mayoría de estos estudios, en lugar de centrarse en cuáles eran las cualidades de los líderes, procuraban determinar cuáles eran los comportamientos de los líderes eficaces. Muchos de estos estudios emplearon como referencia, el modelo de contingencias con el cual vinculaban rasgos de personalidad, las variables del entorno, y aquellos comportamientos que hacían que una persona fuera un líder eficaz. No es ninguna casualidad que este enfoque se extienda en estos años. Era el período posterior a la segunda guerra mundial y las organizaciones necesitaban forjar rápidamente líderes para recomponer la economía y, de manera muy concreta, reconvertir la industria militar en industria civil. Ante esta nueva realidad los teóricos de las organizaciones se preguntaron qué tipo de persona eran necesarias para liderar-dirigir este proceso de reconversión. Para ello orientaron sus investigaciones en analizar los comportamientos de aquellos militares vencedores considerados líderes. Las conclusiones más relevantes de esta investigación fueron: los líderes tienen capacidad planificadora y saben motivar.

Puede considerarse que son los primeros años del siglo XX cuando aparecen las primeras reflexiones sistemáticas sobre del  liderazgo. Estas surgen al amparo de los estudios sobre la dirección de las organizaciones. En la primera mitad del siglo XX, desde principios de siglo hasta la década de los 40, estos estudios se centraron en determinar cuáles eran las características de un líder y las características de sus seguidores. A pesar de los esfuerzos realizados, no se pudo demostrar que existieran unos rasgos, unas cualidades, que permitieran explicar cuáles eran las habilidades de los líderes totalmente. Ante esta dificultad los estudios se orientaron en averiguar si la situación influía en los comportamientos de las personas y determinaba que ellas fueran líderes. Pero por esta vía tampoco encontraron demasiadas evidencias sobre el fenómeno del liderazgo.

En estos años, las reflexiones sobre el liderazgo se basaban en las propuestas teóricas de los partidarios del “Gran Hombre” como prototipo del liderazgo. Los líderes eran personas que podían identificarse fácilmente porque poseían unas características claves especiales gracias a las cuales ejercían su liderazgo. Gracias a ello los líderes podían identificarse y seleccionarse, y, si era preciso, mirar como mejorar sus componentes básicos. Este enfoque tuvo mucho éxito en los entornos militares, especialmente entorno a los momentos de confrontación bélica, pues permitía desarrollar políticas específicas de selección de mandos y cuadros militares.

Maquiavelo no tenía ninguna duda sobre qué era liderar. Para él, desde la perspectiva del siglo XVI, ser un buen líder significaba tener astucia, ser pragmático, poseer inteligencia, tener encanto personal y ser despiadado. Si en el texto del P ríncipe, la palabra príncipe es sustituida por líder, tendremos un buen libro sobre liderazgo (según Maquiavelo). Desde entonces hasta ahora se han ido sucediendo numerosos reflexiones entorno al tema del liderazgo. Curiosamente, el primer grupo de reflexiones acerca del tema del liderazgo entroncan con la esfera política y es posteriormente cuando el eje de la reflexión se traslada al campo de las organizaciones. Cada una de las teorías históricas fija su atención en aspectos diferentes sobre el liderazgo y el comportamiento de los líderes y por ello pueden considerarse todas ellas, de alguna manera, complementarias.

Con la reflexión de Maquiavelo se abre una primera teoría sobre el liderazgo cuya vigencia abarca el período de 1840 hasta 1940 aproximadamente, en un primer momento, aunque vuelva a tener cierto predicamento en los últimos años. El pensamiento de Maquiavelo era profundamente negativo. El pensaba que las personas sólo se movían por intereses individuales, y por ello los líderes sólo buscaban su propio beneficio. Maquiavelo propone un líder adaptativo. Maquiavelo dice cambiar según soplen los vientos. Promueve la comprensión de la política como el arte de  lo posible. El pensamiento de Maquiavelo sienta tímidamente las primeras bases de la teoría del liderazgo basado en las capacidades o características inherentes de las personas líderes.

Cada momento histórico ha producido una idea concreta de qué es liderar y por ello ha desarrollado un modelo particular sobre el liderazgo. De ahí que existan diversas teorías sobre el liderazgo, en muchos aspectos complementarias, y que se pueda identificar en ellas el momento histórico en que fueron construidas. Como muy bien dice Stogdill “hay tantas definiciones de liderazgo como personas han intentado definir el concpeto” Stogdill (1974).

Algunos expertos han definido el liderazgo como una cuestión relacionada con los rasgos de carácter, otras con los comportamientos, otros con aspectos interrelacionales o con las percepciones de los seguidores, y otros con las influencias de las situaciones o de la cultura organizativa sobre el líder. En el ámbito de las organizaciones existe una concepción más simplificada, se suele entender por liderazgo la manera como unas personas influyen sobre el comportamiento de otros, bien de manera individual o en grupo.

 ¿Existe alguna definición consensuada sobre el liderazgo?. El primer pensador que abordó el tema del liderazgo fue Platón. Este, ante la decadencia de Atenas, reflexionó sobre cuáles debían ser las características deseadas de los buenos dirigentes políticos. Tuvieron que pasar bastantes años hasta que otro pensador, Maquiavelo, ordenara la reflexión sobre el liderazgo alrededor del tema del poder. Durante muchos años se ha vivido de las reflexiones aportadas por este pensador del renacimiento. El siglo XX ha sido muy rico en teorías sobre el liderazgo.

Ha habido varios intentos para encontrar esta definición. Es frecuente encontrar las siguientes expresiones para definir el liderazgo: “una persona que orienta o guía a otras personas”, “el director de un grupo de músicos. En una orquesta el concertino es el líder”, “alguien que señala una dirección (misión, visión y metas) y expresa los valores que la justifican. Los líderes expresan estos valores del manera que consiguen en apoyo emocional de los seguidores”, “un líder es una persona que es reconocida como tal por otras”, “un líder es un guía, un conductor, un director, un pionero, es una persona capaz de proporcionar una dirección e influir sobre las opiniones, actitudes y valores de otras personas”. Churcill consideraba que los líderes eras “personas que hacían una uso inteligente del poder”, J. Adair, experto en temas del liderazgo considera al líder como la persona capaz de “colocar a un grupo de personas en una dirección correcta” en un texto reciente Adair (2004) sugirió que las cualidad del liderazgo son “la capacidad que tiene una persona para influir en los demás a la hora de cumplir un objetivo común”.. La iniciativa Globe  patrocinada por la Universidad de Calgary, Canadá, ha intentado establecer una definición ampliamente consensuada. Los expertos que han participado en esta iniciativa consideran el liderazgo como “la habilidad individual de influir, motivar y conseguir que otras personas contribuyan a conseguir los resultados y el éxito de la organización de la cual forman parte”.

Varios autores cuestionan aquellas definiciones de liderazgo que lo focalizan en los resultados, pues ello limitan la riqueza de este fenómeno y pierden su dimensión y alcance social. La siguiente cita, ampliamente difundida de J.McGregor Burns, “el liderazgo es un de los fenómenos mundanos más observados y menos comprendido”, refleja el actual estado de confusión existente entorno a la cuestión del liderazgo.

Las nuevas corrientes consideran el liderazgo como una cuestión que giraría entorno a las relaciones que el líder establece con sus seguidores y con su entorno. Es fundamentalmente un proceso donde se mezcla la influencia y la orientación. El liderazgo siempre es el resultado de las interacciones entre el líder y sus seguidores. Sin éstos, no hay liderazgo. Esta cuestión es sumamente importante, pues determina que quienes sean líderes deben considerar su liderazgo como algo provisional y siempre sometido a la confianza otorgada por otras personas.

Las concepciones tradicionales de liderazgo y del que es ser líder son polisémicas. Para algunos autores el liderazgo es el conjunto de actividades, especialmente comunicaciones interpersonales, por las que un superior influye o modifica los comportamientos de otras personas a fin de realizar los objetivos de un grupo u organización. Otras opiniones afirman que el liderazgo es fundamentalmente un proceso de influencia que se da entre el líder y sus seguidores con el propósito de lograr unos objetivos; o que el liderazgo consiste en tener una visión y conseguir compartirla y hacerla realidad mediante la participación de otras personas sin emplear medios coercitivos. Las misma definiciones dadas por la Academia de la Lengua refleja el tránsito conceptual existente alrededor de estos términos. El liderazgo, según la Academia, puede considerarse tanto la condición de líder como el ejercicio de sus actividades o la situación de superioridad en que se encuentra una institución u organización o producto o un sector económico, dentro de su ámbito. De acuerdo con este punto de vista el liderazgo oscila entre una actividad o una posición. Es un topos y un acción. Esta ambigüedad o ambivalencia ha presidido, y preside aun, el conjunto de reflexiones teóricas entorno a la cuestión del liderazgo.

Los escritos divulgativos han utilizados los términos liderazgo y líderes con algunas imprecisiones especialmente cuando han pretendido vulgarizar estos conceptos asimilándoles a los términos como gestión y gestores. La propia traducción de estos términos no ha sido siempre lo precisa que debería ser y, sin demasiada precisión conceptual, los ha utilizado indistintamente. Sue Richards, prestigioso politólogo británico alerta sobre la ambigüedad de los términos liderazgo y gestión. Dice Richards que en inglés el término leadership tiene su raíz en el vocablo germánico leitmotiv con el cal se designa a la bandera y a su portador. Esta persona resulta clave en un combate porque el estandarte proporciona la orientación hacia dónde deben moverse las tropas y por ello resulta ser una actividad peligrosa y sacrificada. Sin embargo, la lengua inglesa utiliza el latín para construir el término management relacionándolo con las actividades manuales. Por ello este concepto está mucho más próximo a la acción que a la dirección y por ello, es una cuestión más pesada o cansada. Por su distinta significación, leadership  y management son conceptos que no congenían muy bien. Mientras uno indica dirección, orientación e inspiración, el otro señala obligaciones y trabajos (Richards, 2003).

 Sobre los líderes existen también diversas propuestas sobre cual es su significado. En algunas ocasiones que los líderes son personas con coraje, resistentes a las adversidades o carisma. En otras ocasiones el líder aparece como una persona que, debido a su posición, ejerce el poder, la autoridad y la responsabilidad. En todos los casos, sí que existe un elemento común en todas las definiciones de liderazgo: se considera que un líder debe ejercer un cierto grado de influencia social, operar sobre voluntades de personas libres, emplear unos canales comunicativos interpersonales, intervenir sobre unas personas con el fin de que sean ellas quienes definan y alcancen unos objetivos que se expresan o están contenidos en una visión o propósito. Esto último es importante porque traslada la identidad del líder y del liderazgo al grupo de seguidores. Los líderes son aquellas personas con capacidad de movilizar a un grupo, porque influye en las motivaciones interiores de sus miembros, con el fin de definir y lograr unos objetivos.

Las propuestas más actuales sobre el sentido del liderazgo se alejan cada vez más de las lecturas mítica y heroicas en las cuales aquel se basaba básicamente en las condiciones de personalidad, el carisma, de quien asumía el papel de líder. Como tampoco, el líder no es un directivo o gestor. Ambos, líderes y gestores, se mueven en planos diferentes, aunque es evidente que estos últimos, para poder realizar con éxito sus actividades deberán ejercer utilizar hábilmente capacidades asociadas al liderazgo.

Ante los importantes niveles de desafección y desapego político debe desarrollarse un nuevo concepto de liderazgo que supera las reticencias que muchos ciudadanos tienen sobre cómo está organizado el sistema político y los comportamientos de quienes han asumido su dirección.

Esta nueva situación reclama una nueva manera de entender el liderazgo porque han variado cuales son los propósitos de los líderes. Por su parte, la globalización de los mercados y de los problemas obliga a buscar una nueva compresión de la acción política. Además, las políticas decentralizadoras aumentan la fragmentación de las responsabilidades políticas y ello obliga, por un lado a  desarrollar distintos niveles de liderazgo según las diferentes escalas de poder, y por otra dotarse de un nuevo tipo de liderazgo capaz de coordinar los diferentes niveles de poder, sus políticas y dar coherencia a la acción de gobierno y asegurar una actuación responsable. Ante estos nuevos problemas los líderes políticos deben saber resolver las siguientes cuestiones (OCDE 2001):

  • Ante la necesidad de pensar y actuar global y localmente los líderes políticos han de aportar coherencia a toda la actividad política.
  • Las demandas ciudadanas de más y mejores servicios presiona a los políticos a liderar los procesos de dirección de los servicios públicos a fin de prestar los servicios demandados.
  • Existen unas experiencias de liderazgo exitosas en las empresas privadas que pueden ser tomadas de referentes útiles en el ámbito público.
  • En una sociedad basada en el uso intensivo del conocimiento son necesarios líderes que creen las condiciones para poder crear y compartir el conocimiento.
  • Dados los frecuentes, rápidos y profundos cambios operados en la Sociedad del Conocimiento se necesitan líderes que vayan adaptando el sector público a esta nueva realidad

Heifetz afirma que no puede abordarse el tema del liderazgo al margen de los valores. Además, entre la sociedad y las organizaciones sociales está surgiendo una concepción democrática del liderazgo que contrasta con la imagen normativa tradicional del liderazgo. Las organizaciones de la Sociedad del Conocimiento no son monolíticas. Se trata de estructuras flexibles y adaptables a los cambios sociales. La riqueza de estas organizaciones es el conocimiento de sus miembros. Las nuevas organizaciones han abandonado los viejos paradigmas del control, orden y supervisión, y están apostando por la flexibilidad, la adaptación, la estructura en redes y la difusión del poder.

Estas organizaciones basan su identidad en una constante adaptación a las exigencias de la sociedad y para ello se configuran de manera no jerárquica y confían en las aportaciones creativas de sus miembros.

 Sin embargo, a pesar de esta tendencia aun es mayoritario el sentimiento manifestado por muchas personas de la necesidad de líderes normativos y dirigistas. En épocas de crisis las personas tienen la tendencia de confiar su destino en las manos de otras personas que emergen como guías certeros. Estos guías son considerados líderes porque aportan dirección, protección, certidumbres y seguridad ante unos cambios que se viven como preocupantes y angustiosos. Se les pide a estas personas que definan el futuro e indiquen como avanzar hacia él.

 En los momentos de cambio, y la Sociedad del Conocimiento es uno de estos momentos, muchas personas miran hacia el espacio político en búsqueda de las respuestas que los dirigentes políticos no saben dar ante el peso de los retos sociales. Estas autoridades son buscadas como líderes sociales para aportar alguna luz ante fenómenos que resultan poco compresibles. Sin embargo, estas autoridades en más de una ocasión son incapaces de encontrar por sí solas las respuestas a los problemas actuales. Esta situación, que en otros momentos pasaría bastante desapercibida es motivo de frustación y decepción. La sociedad se siente defrauda por sus dirigentes políticos y ello motiva la búsqueda de nuevas autoridades capaces de aportar el liderazgo esperado. Esta experiencia es un signo de los tiempos actuales y se produce en cualquier ámbito social, sea tanto empresarial como político. 

 La Sociedad del Conocimiento necesita nuevos líderes y un nueva manera de entender el liderazgo. Bennis y Nanus consideran que nunca fue tan grande la necesidad del liderazgo. Estos autores sugieren que las organizaciones sociales están sumergidas en una importante crisis de gobernación por su incapacidad de atender las expectativas de sus respectivos miembros.

Haya que desarrollar un nuevo concepto de liderazgo que supera las reticencias que muchos ciudadanos tienen sobre cómo está organizado el sistema político y los comportamientos de quienes han asumido su dirección.