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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

El ataque a la utopía surge desde varios frentes. Sucede algo del que ya nos había advertido Juan N. García Nieto: “invocar a la utopía como un elemento inspirador para un proyecto social no es algo que esté mucho moda. Vivimos dominados, al menos aparentemente, por la cultura del eficaz, del pragmático, del verificable. En nombre de estas culturas se ha proclamado el requiem por las utopías” (García Nieto, J.N. “Un proyecto de sociedad en clave de utopía“. Cuadernos Cristianismo y Justicia nº 27, Barcelona, 1989 p.5). Ante tantos envites la utopía parece retroceder y esconderse entre las bambalinas de la historia. ¿Por qué?. ¿Será que no habremos sabido defender, con convicción e insistencia, que la utopía sigue siendo necesaria como aliento de la humanidad?. Me da la impresión que, en demasiadas ocasiones, muchos de nosotros hemos hablado y teorizado muy bien sobre la utopía, pero hemos fallado estrepitosamente al pretender hacer de la utopía una experiencia vital. Hemos vivido de la utopía, pero no hemos vivido en la utopía.

Los caminos para conseguir los inéditos viables son múltiples. Hacia ellos apuntan varias experiencias humanas que buscan, entre los acontecimientos del mundo, entonces de esperanzas que confirmen la validez del proyecto utópico. Los caminos son múltiples y ninguno de ellos resulta más privilegiado que el otro, si todos apuntan hacia el horizonte utópico común. De todos los ámbitos donde es posible contemplar la utopía frente a frente, me interesa hablar de uno de manera especial: la política.

La política es un espacio donde hacer posible una proyección viable de las utopías. Gracias a su entrega desinteresada muchos de nosotros comprendimos y comprendemos aun, cuando necesarias son las fidelidades y las convicciones en la actividad política. La política tiene que remitirnos a la utopía.

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He observado en más de una ocasión, el interés mostrado por algunos asesores en comunicación política para mejorar las capacidades comunicativas de los dirigentes políticos en su camino hacia el liderazgo. En estos casos, la solución propuesta consiste al sumergir al aspirante a líder en cursos de oratoria y de estrategia comunicativa. La mayoría de estas intervenciones formativas pretenden reforzar, o adquirir si es el caso, las habilidades de retórica que se supone tienen que dominar todo líder político. No obstante, en muchas ocasiones los asesores en comunicación política, no explican que la comunicación, a pesar de que pueda parecer paradójica, también comporta gestionar el silencio a fin de escuchar a los otros. Hay que aprender a escuchar. Todo buen líder político es una persona que sabe callar y escuchar.

Gay Talese, gran periodista norteamericano renovador del género de la entrevista, explica en su libro “Retratos y Encuentros” (Alfaguara) en que consiste la virtud de escuchar. Dice Talese: “Aprendí a escuchar con paciencia y cuidado y a no interrumpir nunca, ni siquiera cuando las personas parecían encontrarse en grandes apuros para darse a entender, ya que en esos momentos de titubeos y vaguedad (enseñanza que obtuve de las habilidades para prestar oído de mi paciente madre) la gente suele ser muy reveladora: lo que vacilan en contar suele ser muy diciente. Sus pausas, sus evasivas, sus cambios de tema repentinos son probables indicadores de lo que les avergüenza, o les molesta, o de lo que consideran demasiado íntimo o imprudente como para dejárselo saber a otra persona en ese determinado momento. No obstante, también oí a muchas personas hablar francamente con mi madre sobre lo que antes habían evitado, reacción que a mi juicio tenía menos que ver con la naturaleza inquisitiva de mi madre o las preguntas que les formulaba con prudencia, que con la forma gradual en que le iban aceptando como un sujeto leal en el que podían confiar. Las mejores clientas de mi madre eran mujeres que no necesitaban tanto trajes nuevos como satisfacer la necesidad de comunicarse”.

Los consejos de Gay Talese son perfectamente aplicables en el ámbito de la comunicación política. Especialmente en aquellos casos en que el dirigente político piensa que será más líder por su capacidad de hablar y hablar, y no dejar de hablar. Para ser un buen líder político hay que saber también gestionar el silencio.

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 Los ciudadanos necesitan nuevos líderes para afrontar los retos planteados por la Sociedad del Conocimiento y construir el futuro por venir. A pesar de hablarse mucho sobre el liderazgo y publicarse numerosos libros de gestión sobre el comportamiento de los líderes eficaces, lo cierto es que se tiene la impresión de saber muy poco acerca de este fenómeno. Incluso se experimenta la sensación de una cierta crisis de líderes y de liderazgos. En las organizaciones se constata que hay pocos líderes y muchos gestores, aunque muchos de éstos se presenten o quieran aparecer como líderes.

En muchas ocasiones se habla de liderazgo, cuando lo que realmente se quiere decir es gestión. En otras, no se tiene la suficiente agudeza para discernir lo que es gestión del liderazgo, o al revés. Kotter afirma que a lo largo de la historia escasea el liderazgo de calidad y que existe una falta de precisión para describir lo que realmente es el liderazgo. Por otra parte, los modelos de liderazgo de la Sociedad Industrial son limitados para vencer los importantes niveles de desafección política presente en las sociedades de democracia avanzada.

Entorno al liderazgo existe mucha confusión. Se emplean los términos líder y liderazgo para identificar y designar muchas cosas, incluso contradictorias entre sí. En el ámbito político el término líder se aplica con cierta generosidad y con más de una inconcreción. La confusión reside en el uso fraudulento de los conceptos teóricos del liderazgo sin saber distinguir que una cosa es el líder y la otra el dirigente político. Mientras el líder guía al partido en la carrera electoral y convoca voluntades, el dirigente desarrolla diversas actividades dentro de la organización política sin que ello conlleve necesariamente el desarrollo de un liderazgo. Un dirigente puede convertirse en líder, pero un líder no necesita ser forzosamente un dirigente del partido.

 Además, se ha consolidado una lectura pragmática y gestora del liderazgo, de la cual se ha expulsado toda referencia ética o del mundo de los valores y principios. De tal manera que cualquier dictador o narcotraficante son tenidos por líderes a su manera. Da la impresión que cualquier persona, por el mero hecho de tener algún seguidor, ya puede ser tenida por líder, al margen de los valores y principios que proponga.

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En una encuestra del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se preguntó a los ciudadanos la capacidad de ensoñación que evocan los políticos. En concreto, la pregunta se formuló en los siguientes términos: ¿en el último tiempo ha escuchado hablar a algún personaje público que le haya hecho soñar con un país mejor?. Un 29% respondió que sí; un 69% dijo que no y un 2% NS/NR . Es duro constatar que más de dos tercios de los encuestados consideren que jamás han escuchado algún político que les haya hecho soñar. Según los encuestados el liderazgo político no remite a ningún sueño, ni a nada similar que permita pensar en un futuro distinto al presente. La política aparece apegada a la realidad sin ninguna proyección que evoque un futuro diferente capaz de ensoñar. La referencia a los sueños no debe considerarse como una ilusión. Todo lo contrario. Las personas encuestadas abordan el tema de los sueños políticos seriamente, sin ninguna fuga o espejismo de la realidad. El sueño se concibe como plasmación de un futuro deseado, nada más.

 El sueño político surge como expresión de las aspiraciones colectivas. Este sueño se convierte, cuando existe, en la guía que conduce el progreso político y gobierna los procesos de cambio. Solo es posible el cambio cuando se ha soñado un futuro deseado. De acuerdo con la encuesta del PNUD la ensoñación política está muy bien valorado por las personas.

En la encuesta del PNUD un 78% de personas consideraron que los sueños eran alcanzables, mientras que un 21% creían que no. Por su parte, un 74% de las personas consideraban que soñar ayuda a conseguir los objetivos, mientras que el 24% cree que soñar no sirve para nada. El 92% de las personas creen que es bueno soñar en todas las etapas de la vida y el 84% consideran que en los tiempos que vivimos es necesario soñar para poder enfrentar mejor el futuro.

 Sin sueño no es posible la política. ¿Quién ayuda a crear los sueños?

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En una interesante conferencia de Dolors Reig, dentro del Programa Compartim que coordina Jesús Martínez desde el Centro de Estudios Jurídicos y Formación Especializada del Departament de Justícia de la Generalitat de Catalunya, sobre dinamización de comunidades online se han comentado algunas ideas sobre la complejidad de la información que han sido evocación de nuevas reflexiones. Dice Dolors Reig que el crecimiento exponencial de la información existente en la red provoca el crecimiento exponencial del conocimiento. ¿Hasta donde? ¿Cuáles son los límites? ¿Estamos preparado para asumir tanto conocimiento?.

Estas preguntas sugieren nuevas cuestiones: ¿será capaz la estructura cognitiva del ser humano de asimilar este nuevo conocimiento? ¿Está terminada la evolución estructural del cerebro? ¿De que modo esta estructura asume los nuevos conocimientos?.

En este año que se conmemora el bicentario del nacimiento de Darwin estas preguntas invitan a pensar en otro biológo, menos conocido, pero autor de una peculiar teoría evolutiva: Jean-Baptiste Lamarck. El lamarquismo considera que el desarrollo de los órganos, su funcionalidad, condicionan su evolución. Sin embargo el darwinismo descansa más en la suerte del azar para producir aquel cambio que permite una mejor adaptación. Curiosamente, otras teorías de Lamark, por ejemplo, la complejidad creciente de los seres vivientes, resultan hoy útiles para comprender la complejidad de la sociedad. Por su parte, la adaptación darwiniana permite entender como en esta complejidad emergen los cambios y las innovaciones. En todo este embrollo, ¿que hacemos con el conocimiento?, ¿nos hará aumentar el cerebro? o ¿starán mejor adaptados quienes desarrollen mejores conexiones neuronales?.

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En todo grupo social se producen fenómenos de influencia entre sus miembros. Aunque pueda variar el modo, todos persiguen el mismo objetivo, modificar el comportamiento de unas personas a fin de conseguir unos determinados resultados como consecuencia de la influencia que otras personas saben ejercer. A este tipo  de fenómenos se ha denominado, de forma genérica,  liderazgo.

 Los fenómenos de liderazgo ocurren en todos los ámbitos sociales, de la misma manera que muchas personas tienen la capacidad de influir sobre otras para modificar sus conductas. En algunas ocasiones, algunas personas dedican toda su actividad a ejercer esta influencia; mientras que otras utilizan únicamente esta capacidad influencia en determinadas ocasiones o circunstancias.

 Además, toda época tiene sus líderes y se entiende el liderazgo de un modo particular. En un mismo momento coexisten diversas maneras de comprender estos fenómenos y ello es fuente de confusión en determinadas ocasiones. Especialmente cuando quieren vulgarizarse los de por si complejos conceptos propios del liderazgo.

 Los modelos de liderazgo y las tipologías de líderes han evolucionado a lo largo de la propia historia de la humanidad y el modo como se entendía el propio concepto de persona.  Así, existen modelos de liderazgo totalmente contrapuestos para el desarrollo de la libertad y la creatividad de los individuos. Hay un concepto del liderazgo potenciador de estas cualidades de las personas, y otros que resultan totalmente destructivos. Quizás estos últimos deberían someterse a una profunda revisión pues incluso ni merecen ser considerados como verdaderos liderazgos.

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El futuro y sus enemigos

Gracias al blog de Miquel Iceta he tenido conocimiento de la publicación del último libro de Daniel Innerarity “El futuro y sus enemigos”. Todo un hallazgo agradable. El subtítulo del libro “una defensa de la esperanza política” es toda una declaración de la intención y dirección de esta obra. Según dice Daniel Innerarity el libro quiere ser una contribución a la renovación de la manera de entender y realizar la política. Para el autor, el actual sistema político y cultural está totalmente volcado al presente inmediato. Esto hace que la relación con el futuro no se fundamenta en un proyecto por ello no hay espacio para la esperanza. Más bien se tiene miedo al futuro y se improvisan las actuaciones. La crisis de la Modernidad, o sus limitaciones, han dejado al pensamiento moderno sin capacida para anticipar el futuro.

Para salir de esta situación hace falta liberarse de la tiranía del corto plazo y abrirse hacia el horizonte que remite hacia un futuro razonable. La cultura política está instalada en el proceso y no en el proyecto. La anticipación tiene mal predicamento. Se actúa, a menudo, sin visión de prospectiva; más bien se hacen las cosas como reacción a los estímulos. La carencia de proyecto ata corto el presente. Delante de los vertiginosos cambios, se impone la cultura de la adaptación y la supervivencia. La esperanza es la gran damnificada de esta situación. Un golpe enterrados los grandes relatos sólo queda posibilidad por la preocupación desmesurada por el instante. Al faltar un proyecto de futuro, la política se limita a gestionar el presente.

Hace falta cambiar esta situación, dice Daniel Innerarity. Para hacerlo, defiende el optimismo y la esperanza ante la debilidad del futuro. La acción política tiene que hablar con sinceridad del futuro. Pensar sobre el futuro es anticiparlo. El futuro se construye desde el presente. Recomiendo con insistencia la lectura de este libro escrito con pasión y clarividencia. Virtudes muy propias de este pensador que cree firmemente, como en su tiempo lo hizo Ernst Bloch, que el futuro es esperanza.

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