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Archive for 30 junio 2009

Las concepciones tradicionales de liderazgo y del que es ser líder son polisémicas. Para algunos autores el liderazgo es el conjunto de actividades, especialmente comunicaciones interpersonales, por las que un superior influye o modifica los comportamientos de otras personas a fin de realizar los objetivos de un grupo u organización. Otras opiniones afirman que el liderazgo es fundamentalmente un proceso de influencia que se da entre el líder y sus seguidores con el propósito de lograr unos objetivos; o que el liderazgo consiste en tener una visión y conseguir compartirla y hacerla realidad mediante la participación de otras personas sin emplear medios coercitivos. Las misma definiciones dadas por la Academia de la Lengua refleja el tránsito conceptual existente alrededor de estos términos. El liderazgo, según la Academia, puede considerarse tanto la condición de líder como el ejercicio de sus actividades o la situación de superioridad en que se encuentra una institución u organización o producto o un sector económico, dentro de su ámbito. De acuerdo con este punto de vista el liderazgo oscila entre una actividad o una posición. Es un topos y un acción. Esta ambigüedad o ambivalencia ha presidido, y preside aun, el conjunto de reflexiones teóricas entorno a la cuestión del liderazgo.

Los escritos divulgativos han utilizados los términos liderazgo y líderes con algunas imprecisiones especialmente cuando han pretendido vulgarizar estos conceptos asimilándoles a los términos como gestión y gestores. La propia traducción de estos términos no ha sido siempre lo precisa que debería ser y, sin demasiada precisión conceptual, los ha utilizado indistintamente. Sue Richards, prestigioso politólogo británico alerta sobre la ambigüedad de los términos liderazgo y gestión. Dice Richards que en inglés el término leadership tiene su raíz en el vocablo germánico leitmotiv con el cal se designa a la bandera y a su portador. Esta persona resulta clave en un combate porque el estandarte proporciona la orientación hacia dónde deben moverse las tropas y por ello resulta ser una actividad peligrosa y sacrificada. Sin embargo, la lengua inglesa utiliza el latín para construir el término management relacionándolo con las actividades manuales. Por ello este concepto está mucho más próximo a la acción que a la dirección y por ello, es una cuestión más pesada o cansada. Por su distinta significación, leadership  y management son conceptos que no congenían muy bien. Mientras uno indica dirección, orientación e inspiración, el otro señala obligaciones y trabajos (Richards, 2003).

 Sobre los líderes existen también diversas propuestas sobre cual es su significado. En algunas ocasiones que los líderes son personas con coraje, resistentes a las adversidades o carisma. En otras ocasiones el líder aparece como una persona que, debido a su posición, ejerce el poder, la autoridad y la responsabilidad. En todos los casos, sí que existe un elemento común en todas las definiciones de liderazgo: se considera que un líder debe ejercer un cierto grado de influencia social, operar sobre voluntades de personas libres, emplear unos canales comunicativos interpersonales, intervenir sobre unas personas con el fin de que sean ellas quienes definan y alcancen unos objetivos que se expresan o están contenidos en una visión o propósito. Esto último es importante porque traslada la identidad del líder y del liderazgo al grupo de seguidores. Los líderes son aquellas personas con capacidad de movilizar a un grupo, porque influye en las motivaciones interiores de sus miembros, con el fin de definir y lograr unos objetivos.

Las propuestas más actuales sobre el sentido del liderazgo se alejan cada vez más de las lecturas mítica y heroicas en las cuales aquel se basaba básicamente en las condiciones de personalidad, el carisma, de quien asumía el papel de líder. Como tampoco, el líder no es un directivo o gestor. Ambos, líderes y gestores, se mueven en planos diferentes, aunque es evidente que estos últimos, para poder realizar con éxito sus actividades deberán ejercer utilizar hábilmente capacidades asociadas al liderazgo.

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Ante los importantes niveles de desafección y desapego político debe desarrollarse un nuevo concepto de liderazgo que supera las reticencias que muchos ciudadanos tienen sobre cómo está organizado el sistema político y los comportamientos de quienes han asumido su dirección.

Esta nueva situación reclama una nueva manera de entender el liderazgo porque han variado cuales son los propósitos de los líderes. Por su parte, la globalización de los mercados y de los problemas obliga a buscar una nueva compresión de la acción política. Además, las políticas decentralizadoras aumentan la fragmentación de las responsabilidades políticas y ello obliga, por un lado a  desarrollar distintos niveles de liderazgo según las diferentes escalas de poder, y por otra dotarse de un nuevo tipo de liderazgo capaz de coordinar los diferentes niveles de poder, sus políticas y dar coherencia a la acción de gobierno y asegurar una actuación responsable. Ante estos nuevos problemas los líderes políticos deben saber resolver las siguientes cuestiones (OCDE 2001):

  • Ante la necesidad de pensar y actuar global y localmente los líderes políticos han de aportar coherencia a toda la actividad política.
  • Las demandas ciudadanas de más y mejores servicios presiona a los políticos a liderar los procesos de dirección de los servicios públicos a fin de prestar los servicios demandados.
  • Existen unas experiencias de liderazgo exitosas en las empresas privadas que pueden ser tomadas de referentes útiles en el ámbito público.
  • En una sociedad basada en el uso intensivo del conocimiento son necesarios líderes que creen las condiciones para poder crear y compartir el conocimiento.
  • Dados los frecuentes, rápidos y profundos cambios operados en la Sociedad del Conocimiento se necesitan líderes que vayan adaptando el sector público a esta nueva realidad

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Heifetz afirma que no puede abordarse el tema del liderazgo al margen de los valores. Además, entre la sociedad y las organizaciones sociales está surgiendo una concepción democrática del liderazgo que contrasta con la imagen normativa tradicional del liderazgo. Las organizaciones de la Sociedad del Conocimiento no son monolíticas. Se trata de estructuras flexibles y adaptables a los cambios sociales. La riqueza de estas organizaciones es el conocimiento de sus miembros. Las nuevas organizaciones han abandonado los viejos paradigmas del control, orden y supervisión, y están apostando por la flexibilidad, la adaptación, la estructura en redes y la difusión del poder.

Estas organizaciones basan su identidad en una constante adaptación a las exigencias de la sociedad y para ello se configuran de manera no jerárquica y confían en las aportaciones creativas de sus miembros.

 Sin embargo, a pesar de esta tendencia aun es mayoritario el sentimiento manifestado por muchas personas de la necesidad de líderes normativos y dirigistas. En épocas de crisis las personas tienen la tendencia de confiar su destino en las manos de otras personas que emergen como guías certeros. Estos guías son considerados líderes porque aportan dirección, protección, certidumbres y seguridad ante unos cambios que se viven como preocupantes y angustiosos. Se les pide a estas personas que definan el futuro e indiquen como avanzar hacia él.

 En los momentos de cambio, y la Sociedad del Conocimiento es uno de estos momentos, muchas personas miran hacia el espacio político en búsqueda de las respuestas que los dirigentes políticos no saben dar ante el peso de los retos sociales. Estas autoridades son buscadas como líderes sociales para aportar alguna luz ante fenómenos que resultan poco compresibles. Sin embargo, estas autoridades en más de una ocasión son incapaces de encontrar por sí solas las respuestas a los problemas actuales. Esta situación, que en otros momentos pasaría bastante desapercibida es motivo de frustación y decepción. La sociedad se siente defrauda por sus dirigentes políticos y ello motiva la búsqueda de nuevas autoridades capaces de aportar el liderazgo esperado. Esta experiencia es un signo de los tiempos actuales y se produce en cualquier ámbito social, sea tanto empresarial como político. 

 La Sociedad del Conocimiento necesita nuevos líderes y un nueva manera de entender el liderazgo. Bennis y Nanus consideran que nunca fue tan grande la necesidad del liderazgo. Estos autores sugieren que las organizaciones sociales están sumergidas en una importante crisis de gobernación por su incapacidad de atender las expectativas de sus respectivos miembros.

Haya que desarrollar un nuevo concepto de liderazgo que supera las reticencias que muchos ciudadanos tienen sobre cómo está organizado el sistema político y los comportamientos de quienes han asumido su dirección.

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 Los ciudadanos necesitan nuevos líderes para afrontar los retos planteados por la Sociedad del Conocimiento y construir el futuro por venir. A pesar de hablarse mucho sobre el liderazgo y publicarse numerosos libros de gestión sobre el comportamiento de los líderes eficaces, lo cierto es que se tiene la impresión de saber muy poco acerca de este fenómeno. Incluso se experimenta la sensación de una cierta crisis de líderes y de liderazgos. En las organizaciones se constata que hay pocos líderes y muchos gestores, aunque muchos de éstos se presenten o quieran aparecer como líderes.

En muchas ocasiones se habla de liderazgo, cuando lo que realmente se quiere decir es gestión. En otras, no se tiene la suficiente agudeza para discernir lo que es gestión del liderazgo, o al revés. Kotter afirma que a lo largo de la historia escasea el liderazgo de calidad y que existe una falta de precisión para describir lo que realmente es el liderazgo. Por otra parte, los modelos de liderazgo de la Sociedad Industrial son limitados para vencer los importantes niveles de desafección política presente en las sociedades de democracia avanzada.

Entorno al liderazgo existe mucha confusión. Se emplean los términos líder y liderazgo para identificar y designar muchas cosas, incluso contradictorias entre sí. En el ámbito político el término líder se aplica con cierta generosidad y con más de una inconcreción. La confusión reside en el uso fraudulento de los conceptos teóricos del liderazgo sin saber distinguir que una cosa es el líder y la otra el dirigente político. Mientras el líder guía al partido en la carrera electoral y convoca voluntades, el dirigente desarrolla diversas actividades dentro de la organización política sin que ello conlleve necesariamente el desarrollo de un liderazgo. Un dirigente puede convertirse en líder, pero un líder no necesita ser forzosamente un dirigente del partido.

 Además, se ha consolidado una lectura pragmática y gestora del liderazgo, de la cual se ha expulsado toda referencia ética o del mundo de los valores y principios. De tal manera que cualquier dictador o narcotraficante son tenidos por líderes a su manera. Da la impresión que cualquier persona, por el mero hecho de tener algún seguidor, ya puede ser tenida por líder, al margen de los valores y principios que proponga.

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La compleja situación de la Sociedad del Conocimiento exige un nuevo concepto de liderazgo, del mismo modo que reclama un nuevo estilo de hacer política y una mejora en la calidad de la democracia. Liderazgo y democracia son dos realidades estrechamente unidas. Así pues, ampliando la afirmanción weberiana de que la democracia es un simple mecanismo de selección de líderes políticos, éstos deben ser también una garantía del buen uso de la democracia y para ello no es necesario ocupar un lugar destacado en la gobernación de la sociedad.

Hablar del liderazgo político es también hablar de la recuperación del sentido y la dignidad de la política. Son aspectos interrelacionados. Para avanzar en la construcción de la sociedad del siglo XXI es necesario que repensar el concepto de liderazgo. Se debe abandonar la idea de que el liderazgo consiste en delegar en alguien la imaginación y construcción del futuro y cuáles son los caminos a seguir. Se trata de un proceso alrededor del cual deben aunarse el máximo número de voluntades. Para ello la sociedad necesita de personas con capacidad de convocar y sumar voluntades alrededor de proyectos compartidos a partir de los cuales surjan las propuestas de futuros posibles. Se trata de saber crear este consenso para construir el futuro.

La democracia necesita una nueva visión del liderazgo. Se trata de re-crear un concepto de liderazgo útil para avanzar en la Sociedad del Conocimiento.

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La desafección política lleva asociada también una difuminación del liderazgo político. Los dirigentes políticos no son reconocidos como líderes. Sin confianza no se puede gobernar; como dice muy bien Victoria Camps, que “la democracia necesita una virtud: la confianza. Sin su construcción, no puede haber una auténtica democracia” (Camps, 2001). Una manifestación de esta situación es el progresivo aumento del abstencionismo electoral observado en muchas democracias. Sin embargo, esta desafección no comporta la disminución del compromiso cívico y de la confianza de los ciudadanos con el sistema democrático. Han surgido nuevos canales de participación política que en muchas ocasiones remplazan los considerados más tradicionales.

Diversos análisis demuestran que la desafección o desconfianza política paradójicamente, aunque comporte una pérdida de confianza hacia la representación política, no comporta una pérdida de apoyo al régimen político. La desafección política se diferencia tanto del descontento político como de la crisis de la legitimidad democrática. La desafección provoca distanciamiento de los ciudadanos de los procesos políticos, de los políticos y de las instituciones democráticas, pero no cuestiona la legitimad democrática ni está relacionada con la insatisfacción con las políticas del gobierno. Se trata de fenómenos diferenciados. De tal manera que en la realidad coexisten importantes niveles de desafección o desconfianza con altos niveles de apoyo al sistema democrático. La desafección se circunscribe al ámbito del sistema político y se manifiesta bajo diferentes formas de desapego o distanciamiento del mismo. Ello condiciona a los ciudadanos a percibir la política como algo alejado, poco importante y sin sentido.

Varios expertos ponen de manifiesto que el fenómeno de la desafección coexiste con la aparición de un prototipo de ciudadano que ha sido denominado como ciudadanos críticos. Este idea es complementaria con la propuesta del modelo de ciudadano activo presente en los desarrollos conceptuales subyacentes en la teoría del aprendizaje permanente. Los primeros ciudadanos son personas críticas con el desarrollo de los procesos políticos, insatisfechos con muchas de sus actividades, pero no por ello desafectos con el sistema democrático. Todo lo contrario. Buscan nuevas alternativas a los sistemas políticos tradicionales, descubren nuevas formas de participación política para vehicular los intereses cívicos, proponen y defienden un nuevo sistema de valores al cual le dan una relevancia especial. En muchas ocasiones, estos ciudadanos críticos orientan sus simpatías políticas por el conjunto de sistemas subyacentes a las propuestas políticas.

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