Puede considerarse que son los primeros años del siglo XX cuando aparecen las primeras reflexiones sistemáticas sobre del liderazgo. Estas surgen al amparo de los estudios sobre la dirección de las organizaciones. En la primera mitad del siglo XX, desde principios de siglo hasta la década de los 40, estos estudios se centraron en determinar cuáles eran las características de un líder y las características de sus seguidores. A pesar de los esfuerzos realizados, no se pudo demostrar que existieran unos rasgos, unas cualidades, que permitieran explicar cuáles eran las habilidades de los líderes totalmente. Ante esta dificultad los estudios se orientaron en averiguar si la situación influía en los comportamientos de las personas y determinaba que ellas fueran líderes. Pero por esta vía tampoco encontraron demasiadas evidencias sobre el fenómeno del liderazgo.
En estos años, las reflexiones sobre el liderazgo se basaban en las propuestas teóricas de los partidarios del “Gran Hombre” como prototipo del liderazgo. Los líderes eran personas que podían identificarse fácilmente porque poseían unas características claves especiales gracias a las cuales ejercían su liderazgo. Gracias a ello los líderes podían identificarse y seleccionarse, y, si era preciso, mirar como mejorar sus componentes básicos. Este enfoque tuvo mucho éxito en los entornos militares, especialmente entorno a los momentos de confrontación bélica, pues permitía desarrollar políticas específicas de selección de mandos y cuadros militares.