Los expertos describen y denominan la actual situación como una caso de desafección política . El problema de la desafección política puede describirse como el sentimiento subjetivo de falta de confianza en el proceso político, políticos e instituciones democráticas cuyo resultado más evidente es el distanciamiento y la alineación, aunque nada de esto cuestione la legitimidad del régimen político. La desafección expresa la desconfianza que los ciudadanos tienen con las instituciones políticas porque las consideran insensibles a sus necesidades y además, se sienten incapaces de entender la lógica interna de la política.
Como resultado de todo ello se tiene la sensación de que la democracia ha perdido calidad. Se percibe que la democracia se sustenta sobre un conjunto de formalismos que no logran captar la atención de los ciudadanos. Se dice que la democracia ha perdido impulso cívico. De tal manera que cada vez es mayor la brecha que separa las instituciones políticas de los ciudadanos.
Algunos síntomas de la desafección política son: extensión de una conciencia social contraria a los partidos políticos y un desinterés hacia las formas tradicionales de representación política; suave e irregular descenso de la participación electoral; baja significativa de la afiliación política; cuestionamiento de la capacidad de los partidos tradicionales de conseguir la representación política y descenso significativo de los sentimientos de identificación partidista. Junto estos fenómenos, los cuales cuestionan el marco tradicional de la política, surgen nuevos actores políticos y nuevas formas de representación política muy alejadas de las tradicionales. Todo ello hace que se reconfigure un nuevo marco para la acción política.